martes, 29 de septiembre de 2015

Historias orales y procesos de participación

En Pedrera, Las Cabezas de San Juan, Olivares (Sevilla, Andalucía) y en Los Patios de la Estación (Cuernavaca, Morelos) hemos trabajado las historias orales en procesos de participación comunitaria. Son una herramienta transversal (herramienta-técnica), que hemos usado cuando los sentidos de oportunidad, sensibilidad, afectividad y proximidad nos han hecho percibir que era necesario.



¿Para qué sirven las historias orales?

Cuando nos preguntamos ¿para qué sirven las historias orales?, no cabe otra respuesta que la de Gustavo en “La estrategia del caracol”: ¡pa’ la dignidá’ ¡pa’ la dignidá’ nuestra!; tras esto se retiran los medios de comunicación de masas... Tal vez sea el momento de poder empezar a trabajar desde nuestras propias inquietudes.

A la hora de trabajar cualquier proceso de participación debemos tener en cuenta tres aspectos fundamentales:

Nuestra acción no debe centrarse en la toma del poder (ya sea de forma en que una vanguardia promueve la insurrección, o en que una vanguardia organiza un partido y gana las elecciones), ni en el empoderamiento (que al fin y al cabo es una toma de poder, habitualmente en el marco de las lógicas dominantes); sino en la autogestión colectiva del poder con el horizonte utópico de su disolución, en el desempoderamiento. La autogestión nos cambia la mirada desde la toma del poder al poder hacer/pensar/sentir, lo que implica saberes, habilidades y quereres. Además, siempre hace referencia a una dimensión colectiva que parte del flujo social, del hacer/pensar/sentir de otr@s y con otr@s.

Para ir construyendo la autogestión colectiva del poder es necesaria en primer lugar la resistencia, tanto en el nivel de oposición/conciencia, como en el de interacción creativa. En segundo lugar es necesaria la ruptura que abra hacia la innovación, que de lugar a nuevas propuestas que provoquen renunciar a la identidad y potenciar las identificaciones. Y en tercer lugar, cauces de participación que den forma a la oposición/interacción/innovación que tendrán que construirse en el proceso, fruto de las diversas acciones que se vayan realizando.


Desde las historias orales se pueden trabajar, sin posibilidad de separarlos:
  • el intercambio de saberes, haciendo ver la importancia de lo que sabe la gente; construido y aprendido fuera de las instituciones del estado y del mercado (aunque en una continua oposición, consentimiento y entrelazar la cultura oficial, la cultura de masas y las culturas populares).
  • los cauces de participación, partiendo de la autogestión y la descentración que potencian las formas de transmisión de dichas historias.
  • las motivaciones que, al sentir la realidad como una construcción colectiva, te ponen en disposición de comprender que el futuro depende en buena manera de lo que puedas vivir con los demás.

Las historias orales no son las historias de las personas que no saben escribir, son las historias de las que, por su posición asimétrica con respecto al poder, sólo pueden transmitir sus historias verbalmente; son las historias de las personas desposeídas por no tener dinero, por no ejercer el poder político, por no pertenecer al género, la edad o la cultura dominante...


Las historias orales son las historias de la mayoría social a la que aún no han podido robarle el conocimiento, los recursos y las formas de transmisión de las narraciones orales. Al tener un soporte tecnológico descentrado facilitan la resistencia, el ser autogestionadas, y el poder ser apropiadas fácilmente por la gente. En palabras de Emmanuel LIZCANO (1984:10) “que la escritura tenga un bien ganado prestigio por el impulso que haya podido dar a la ciencia, que quien esto escribe saque de ella no sólo sustento sino hasta placer físico, no autoriza a nadie a desertizar el suelo de las culturas orales. No tendrán escritura, pero tienen otros logros de los que nosotros carecemos, y –que yo sepa- nunca han emprendido campañas de oralización que llevaran a la hoguera nuestros libros como formas de superstición e incultura. Gentes de letras y gobierno: las culturas del verbo no habitan tan solo en continentes lejanos. Gitanos y euskaros, gallegos y andaluces, nuestros propios críos y hasta los abismos inconscientes que anidan en cada uno de nosotros, tan letrados, tienen su palabra. Como sabía Juan de Mairena, aún ‘es muy posible que, entre nosotros, el saber universitario no pueda competir con el folklore, con el saber popular’. ¡Dejadles, dejadnos, dejémonos en paz”.

Os dejamos a continuación una reflexión teórica y diversos materiales que hemos elaborado en los diversos municipis nombrados....




Oportuna memoria from ILUSIONISMO SOCIAL on Vimeo.


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